jueves, 28 de octubre de 2010

Madrid. 27 Octubre 2010

Hace dos meses que encontré su numero de teléfono, numero errado. Hace mas de un año que quiero hablar con el.

Encontré su numero al encontrar el móvil super-económico y muy eficaz que utilizaba cuando vivía en Londres. Al no obtener respuesta probé a buscar en "Skype". No se como no se me había ocurrido antes, hacía mucho tiempo, demasiado que no utilizaba ese gratuitamente magnifico programa que te permite hacer llamadas internacionales por todo el morro.
Al probar con su nombre y localización, suponiendo que no se había marchado de la cuidad donde nos conocimos, apareció una lista con unos veinte nombres exactamente iguales que el que yo buscaba y diferentes localizaciones.
Probé con uno.
Esperé a ver si aceptaba mi solicitud. Si resultaba ser el, bingo!
Si no, ya me encargaría de disculparme por la equivocación.
Olvidé que hacía dos meses había intentado localizarle de esa manera.


Y hoy ha llamado.
La emoción, la alegría, el saber que aun me queda suficiente ingles para comunicarle de buena gana la increíble coincidencia.
Uno entre veinte.
Su emoción, su alegría. Un gallinero en el cuarto que ha hecho que mis padres vengan corriendo al pensar que me había dado algún ataque y por consiguiente hayan conocido a este mágico personaje.

Londres. Agosto 2008
Liverpool Street Station.

Debía ser viernes o domingo. Vamos de camino a Spitalfields Market.
L, que ha llegado a la cuidad unos meses antes que C y yo, ha querido enseñarnos las maravillas de la zona.
Yo disfrutaba caminando entre los puestecillos, oler el incienso, el mismo incienso que compraba en una tienda de segunda mano de Madrid. Obviamente el incienso lo compraba intacto. Lo venden en esa tienda como lo venden en otras muchas pero tenía y tengo la costumbre de comprarlo ahí.
El mercadillo se convirtió por un momento en el barrio de Malasaña..disfrutaba ese recuerdo mientras curioseaba entre puesto y puesto, escuchar, intentar comprender..

-"Hellooooo", How are you?

Un hombre delgadito, con barba oscura y fuerte acento indio asoma su cabeza entre las pashminas que cuelgan de la baranda de la parte superior de su puesto.

Sonrio ante el.

-Fine thanks! And you?

-Spanish!!

Que rapidez para captar idiomas, pensaba que mi "spanglish" no se hacia notar demasiado.
No soy capaz de recordar exactamente el dialogo, pero fue rápido y conciso.

Nos presentamos.
En su mente mi nombre debió dibujarse como "Alina". En la mía: "Mansur".
Su nombre, Manzoor. El mio, según el, hasta día de hoy, "Alina".

Me pregunto si me gustaban los mercadillos::
Me quede atónita..
Antes de llegar a Londres mi querida madre se rió de mi idea de buscar trabajo en algún mercadillo de fruta y verdura, discos, ropa, lo que fuese. Pero en un mercadillo.
Siendo fina, Market, que eso es la gran bretaña!
Quería saber lo que se siente al llegar temprano, cuando en las calles aún no hay mas que gatos callejeros, vagabundos y zombies. Con un café bien caliente, saludando a los demás comerciantes, conociéndoles, consiguiendo gangas. Montar, vender, desmontar...
Eso quería.

Y finalmente me pregunto si me gustaría ayudarle con su puesto.

Pashminas traídas de Cachemira, la India.

El día 29 de ese mismo mes tuve la oportunidad de catar el sabor del mercadillo desde dentro.
Y a partir de ese día intentaba poner de acuerdo el horario de la tienda en la que trabajaba con el del puesto. Y aunque no fueron mas que unas cuantas intervenciones me hice con el mercado, y el mercado se hizo conmigo.

El puesto con mas color de todo Spitalfields Market.
Y el mas ordenado.
Y esto no solo lo digo yo, lo dice también un periódico que publicó toda una página dedicada a este monumento compuesto por tres barras de acero, metros y metros de telas únicas y el mejor comerciante que conozco, mi gran amigo Manzoor.






jueves, 13 de mayo de 2010

Toma y daca


Estábamos celebrando que había salido un pequeño trabajo así que L y yo andábamos contentas por las calles de Madrid. La primera parada fué en una terraza en la Gran Via.
Intentando no meternos demasiado en la acera por donde continuamente pasan cientos de personas cambiamos de posición las sillas para que el sol nos diese en la cara. Conseguimos mover la mesa y las sillas cuanto pudimos. No es que nosotras fuéramos a molestar a los que por ahí pasaban, es que ellos podrían atropellarnos a nosotras o golpearnos con las bolsas que, supongo, contendrían ropa o zapatos nuevos. Pedí un café con hielo para mi y una cerveza para L. Con el café, el hielo. Con la caña, unas patatillas.
Pensamos en lo que podríamos hacer después y decidimos ir a una merceria a que L comprase macramé, no podría decir que es exactamente, a mi me pareció un simple cordón pero para la gente que sabe de estas cosas es mucho más que eso. Moda, no soy muy experta en este campo, creo tener buen gusto pero si tubiera que mantener una conversación sobre tendencias no sabría por donde empezar. Y hablando de moda, entre la multitud apareció E. Aunque no le conozcas sabrías que es modelo, o al menos te lo figurarías. Tiene una forma de andar diferente y mucho estilo en eso del vestir. Paró a saludarnos y admiró las gafas de diseño de L, las mías no, ni se fijó en ellas, de haberlo hecho creo que, con lo bien que lo conozco, diría algo como -Y estas de qué mercadillo son bonita?, yo me habría reido y no habría hecho ni puñetero caso, por que conozco sus intenciones.
De no conocerle quizás me habría defendido con algún comentario poco ingenioso sobre la descomunal diferencia de precios entre las gafas de L y las mías, a lo que él podría haber respondido que la calidad se paga, y que usar baratijas pueden joderte la vista, y ahí me hubiese pillado si, pero no me hubiese dado por vencida. Empezaría por contarle mi punto de vista sobre el "toma y daca", alguna teoría que respaldase que dar no siempre implica recibir.
Por que E es muy correcto y no entró al trapo. Desafortunadamente esta conversación no tubo lugar, si no aquella tarde me hubiesen sobrado las palabras y hubiese demostrado con hechos que con un par de euros en el bolsillo se pueden conseguir grandes cosas. De haber venido con nosotras se lo hubiese pasado bien, estoy segura.
E se despidió y acabó siendo uno más entre los cientos de personas que andaban por la calle.

Una vez comparado grosores, colores y precios del macramé, L no compró nada y decidimos ir a beber algo. -Vas a tener que invitarme por que apenas me queda dinero -comenté. -Pues yo tampoco ando sobrada, pero tú has pagado lo anterior y ahora me toca mi. L supone bien, ahora le toca a ella.

Andando por una de las calles que llevan a Huertas uno de estos chicos reparte-chupitos-por-la-cara-callejeros nos invita a pasar al bar donde trabaja de...pues eso, de relaciones públicas en la calle. Accedemos a tomar un vaso de sangría. -Uno y nos vamos?. -Uno y nos vamos.
La sangría estaba como para asesinar a un diabético, más de una cuarta parte de azúcar, una cuarta parte de vino y el resto entre frutas y gaseosa.
De camino al baño, por que, ya que nos dan de beber gratis por qué no aprovechar a vaciarse un poco y dicho sea depaso aquí hubiese puesto en duda a cualquiera que me venga diciendo que la calidad se paga, la cosa es que me fijé en una botella en la que se leía "Lagomar" en su etiqueta. Conozco a una familia entera que me ha hablado maravillas sobre un sitio muy especial en Lanzarote llamado de igual manera. Sin pensarlo me hice con la botella y la guardé en mi bolso. Robo podrías pensar, pues si, no hay otra forma de llamarlo. Podría decir que la casualidad me tentó a hacerlo, que estaba con ánimo festivo y que apenas teníamos un duro para que L y yo pudiésemos continuar empinando el codo, pero eso no me quitaría a mi la etiqueta de "ladrona". Dimos las gracias y nos marchamos. Una vez fuera examiné la codiciada botella, y me sentí un poco mal al descubrir que nada tenía que ver con Lanzarote y que además estaba abierta y se había derramado parte en mi bolso. Esto por idiota.
-No está mal, quieres un traguito? -le ofrecí la botella a L que estaba riendo por el pequeño delito. Brindó y bebió a morro. Eso es algo que me gusta, que la gente no tenga reparo en beber a morro de una botella de sospechosa procedencia.

Nos pusimos a andar de nuevo buscando los últimos rayos de sol. Acabamos sentadas en los escalones de un portal y acabamos con la botella.
-Y ahora que?..estámos al lado del garito ese donde te dan de beber y comer gratis -sugirió ella. Dar y recibir, ja! Si alguien me hubiese picado con el tema esa tarde las hubiese pasado canutas. Pues allá que nos fuimos.

Para nuestra sorpresa había que abonar las consumiciones, cincuenta céntimos cada una. Venga, la cosa marcha bien, con el poco dinero que nos queda al menos da para..qué se yo, cinco, seis vasos de vino?
-Estamos de suerte amiga! -exclamé al ver el precio.
-Ya pero, antes era gratis -me respondió L con menos entusiasmo.
Bueno y que?No era gratis pero casi, y despues de la buena racha que llevábamos no pensaba poner en duda la calidad del vino, aunque más tarde lo haría.
Aquella tarde había bebido más vinos de lo que acostumbro, y la situación prometía, a 50 céntimos el vaso ya me dirás, me invitas a uno, te invito yo a otro...
La máquina expendedora de tickets para las consumiciones, al igual que las del metro, tambien la había tomado con nuestras monedas.
-Prueba a meterla más fuerte -me aconseja ella. -Maldita sea, no quiere entrar! déjame una tuya -respondí yo un tanto nerviosa. Tenía sed y quería saltarme eso de sacar un ticket. ¿Dónde se ha quedado el abonar la consumición en la barra, el esperar a que te devuelvan el cambio, el dejar algo de propina? pensaba mientras me peleaba con la máquina.
-No, así no, más fuerte, con más decisión. Trae, que lo intento yo.
Con más decisión, con más decisión.. ¿Acaso la máquina siente si le meten la moneda más o menos fuerte?. No, claro que no. Ella solo se encarga de quedarse con tu dinero y de escupirte un papelito para canjear por una consumición. Punto.
Pero la cosa es que L tenía razón. Agarró mi moneda y con un gesto desafiante la metió en la ranura en la que pone "monedas aquí". Si L se empeña en algo lo consigue, de veras.
Una vez listas fuimos a pedir nuestros vinos y a verlas pasar, por que bailar y cantar ya no se podía, el Dj estaba poco entregado, el concepto de karaoke que tenía este sitio ha desaparecido y ya no te dejan cambiar tu personalidad detrás de aquellas cortinas de gasa donde se encontraba un pequeño camerino repleto de boas, pelucas, purpurina y chupitos de tequila con naranja y canela. Una pena.
Teníamos poco que hacer ahí pero el vino peleón entraba muy bien y me animó a dar un par de malos pasos de baile y a soltar la lengua.
Comenté con el Dj mi total desaprobación hacia lo impersonal de la máquina y a la erradicación del karaoke. Él estaba de acuerdo conmigo, pero qué podía hacer, los de arriba deciden como llevar el antro y él se limita a cumplir. Me asegura que si vuelvo cualquier otra tarde me invitan a una botella, que la conversación ha merecido la pena y que bien vale un litro de un vino algo mejor que el que nos han servido antes. Agradezco la invitación que acabaría consumiendo al día siguiente. Ahí está, más de recibir mucho sin haber hecho apenas nada.
Apuramos lo que quedaba en nuestros vasos y decidimos irnos.

Hasta ese punto todas las decisiones habían sido unánimes entre L y yo, pero ahora ella pensaba quedar con ? y yo iba derechita al metro para volver a casa a tomar la última. Nos despedimos y cada una tomó una calle diferente.

De nuevo en Gran Vía, ya de noche, la acera casi despejada. Mientras caminaba buscaba mi mp3, entonces sonó algo metálico caer al suelo. Delante mio había una llave, una llave inglesa. La recogí del suelo, no se por qué, simplemente lo hice y anduve con ella en la mano hasta cruzarme con los dos tipos heavys que siempre, siempre estan en el mismo sitio, hora tras hora, día tras día. Sin pensarlo le dije a uno de ellos que la llave era para él si la quería. Siempre me han parecido pintorescos, pacíficos y buenrollistas, y me gusta cruzarme con ellos cuando me da por andar por esta calle. Fascinado miraba la llave.
-Me has dado la llave niña! -dijo. -Si, acabo de encontrarla y quizás tu le des más uso del que vaya a darle yo -sonreí y continué andando. -Espera! pero no me dejes así, esto es algo, no se, es un símbolo tia, al menos dime tu nombre.
Paré un segundo, me acerqué un poco, le dije como me llamaba, pregunté su nombre, me dijo como se llamaba y seguí andando. Yo sonreía, no podía dejar de hacerlo. Dar y recibir no siempre van de la mano, o si. Un vaso de sangría por animar un poco un bar que está muerto? Una botella de vino por un comentario sincero? Una llave inglesa por un nombre? Me marchaba triunfante.
-Tómate un café conmigo, no me dejes con la intriga tia!
Mierda, si decía que si se iba a tomar por culo toda la historieta...
- Otro día. Suelo pasar por aquí! -grité mientras me metía en la boca del metro.

viernes, 16 de abril de 2010



¿Los apretones de manos ya no significan nada o que?

¿Bajas?


Por fín el motor vuelve a funcionar.

Acabo de hacerme fan de "Decir en el metro. -¿Bajas?. Cuando realmente quieres decir: aparta imbécil". Es mentira. A mi no me molesta preguntarlo, me sale involuntariamente. Ni me molesta tener que esquivar a decenas de personas para salir, ni compartir con ellas el trayecto en hora punta. Es como un mal necesario al que hace tiempo le saqué partido. Salen más historias cuando me encuentro atrapada entre cuerpos extraños que cuando tengo el privilegio de ir sentada.

Picadilly Line
A full, en término espanglish.

Apenas podemos movernos, apenas podemos respirar. No ha parado de llover en todo el día y todos los que ahí nos encontramos estamos mas o menos mojados, yo al menos estoy empapada. Intento secarme las gotas que caen por mi cara, pero no hay manera, mis manos están ocupadas haciendo equilibrio al mas puro estilo surfista en un mar de gente. B se ríe. Ella sigue hablando bien alto, no vaya a ser que entre todo el gentío no pueda escucharla. Eso me hace pensar en la frase que me envió M "cuidate mucho por ahí, y no te juntes con españoles, hacen mucho ruido y no te dejan dormir". Que sabio es M. Y como me gusta contradecirle. Esta vez tenía razón, ya lo creo que hacemos ruido. En ese momento me agradaba que B elevase mas y mas el volumen a medida que el vagón se iba llenando de gente. Aunque sea ella la única persona que habla. En serio, en Londres la gente sabe como guardar la compostura, suben, buscan sus sitios pacíficamente y, o bien permanecen callados si es que van solos, o bien moderan el tono si van acompañados. Nosotros no. Al menos por aquel entonces yo recordaba que en el metro de Madrid suele haber un murmullo constante. Entonces pensaba en que me gustaba ese ajetreo y en cuánto lo echaba de menos. Quiero contárselo a B pero ella ha desaparecido entre tanta gente.

El vagón ha parado en seco y no logro alcanzar ningun punto fijo en el que apoyarme. Me tambaleo y acabo perdiendo el equilibrio. A punto de caerme encuentro una chaqueta a la que agarrarme. Solo un pequeño tirón. Recobro la posición y me rio por que el traspiés ha tenido su gracia y afortunadamente yo no he acabado en el suelo. Me disculpo. El sonrie. No dice nada, solo sonrie mientras se tambalea. Yo tambien me tambaleo. Una mano agarrada a la barra y otra sujetando bien fuerte su guitarra. -¿Eres músico?. El asiente con la cabeza. No dice nada. El tipo sigue sonriendo y acaba contagiándome. -¿Tocas en la calle?. Se resiste a contestarme pero no a sonreirme. Aparto entonces mi mirada. Busco a B que hace tiempo tambien se ha quedado muda. Ahí la veo, espachurrada entre unos cuantos individuos. Ella sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa. Las puertas han vuelto a abrirse. Consigo girarme. Ni rastro de aquel tipo, ni de su guitarra, ni su sonrisa. No es que fuera a hacerle mas preguntas. Miento. Hubiera seguido interrogándole hasta sacarle algo de información solo por romper ese silencio, solo por lograr ser el murmullo de aquel vagón, pero no, esa era su parada, el se ha bajado y ni oportunidad de seguir emitiendo preguntas al aire tengo. Es entonces cuando, por encima de tantísimas cabezas, aparece una mano que sostiene un papel agitándolo en el aire. La mano y el papel están a punto de abandonar el vagón y me apresuro a cojerlo, pego un empujón al que tengo delante y agarro el papel por una esquina. El hombre al que he pegado el empujon me dice algo en inglés, no se que ha dicho pero apuesto a que de todo menos bonita. Yo intento disculparme con una ridícula expresión de arrepentimiento, comisura de los labios hacia abajo y ojos tristones, pero no me sale, tengo grabada una sonrisa de gilipollas en la cara. Para ser sincera, tengo entre mis manos algo que pertenecía al guitarrista mudo, hubiese apartado a guantazos a toda esa multitud solo por que no se me escapase aquel maldito papel. Lo guardo en el bolsillo de mi abrigo e intento volver a mi posición, a ser posible junto B. Más empujones, mas excuse me y por fín, junto a B, me dispongo a abrir el preciado papel que ahora no es mas que un papelajo arrugado y húmedo. "Spencer Jude. 12.45-1.30pm. Royal Brompton Hospital" Una fotografía suya y unas cuantas direcciones más. Si, el tipo era guitarrista, no hay que ser científico para saber eso. Acababa de hacer una especie de concierto benéfico esa misma mañana, y yo me lo había perdido.